Somatizar significa que el estrés, las emociones y la activación del sistema nervioso pueden expresarse a través del cuerpo. Nuestro cerebro, cuerpo y sistema nervioso están profundamente conectados.
Cuando vivimos situaciones donde no pudimos defendernos, expresarnos, sentir seguridad o procesar emocionalmente lo vivido, el organismo puede quedarse funcionando durante mucho tiempo en estados de defensa y alerta.
El cuerpo puede mantenerse en estados de tensión, hipervigilancia, inhibición, desconexión o activación constante. Y esto puede manifestarse corporalmente como: dolor, contracturas, fatiga, problemas digestivos, insomnio, presión en el pecho o sensación constante de alerta.
Muchas veces, en determinados momentos de nuestra vida, no pudimos expresar lo que sentíamos porque necesitábamos sobrevivir, adaptarnos o protegernos. Y el sistema nervioso aprendió a contener, tensar o inhibir determinadas respuestas.
Con el tiempo, el cuerpo puede seguir reaccionando como si el peligro continuara, incluso cuando la situación ya pasó.
Ayudar al sistema a recuperar seguridad, regulación y flexibilidad, para que poco a poco salga de estados de defensa mantenidos durante mucho tiempo.
No todos los síntomas físicos tienen un origen emocional. Siempre es importante valorar también la parte médica y física.
Recuerda: tu cuerpo no es tu enemigo. Muchas veces está intentando adaptarse y protegerte de la mejor manera que aprendió.
van der Kolk (2014); Porges (2011); McEwen (1998); Ogden et al. (2006).